Por Mauricio Avella
El padre de mi abuelita, don Diógenes Ramón González
Becerra, era hijo único, heredero de una gran fortuna y de casi toda Duitama. Sus
fincas limitaban con Paipa y Santander y era dueño de todo el páramo de la
Rusia. Allí tenían ganado y cazaban pumas.
Pero quedó huérfano muy joven, y la verdad es que
era un poco inexperto en el tema de los negocios.
En 1920 contrajo matrimonio con Arcelina González,
y tuvieron nueve hijos.
María Lina González González, mi abuelita, nace el
6 de septiembre de 1935, en Duitama. Siendo la sexta de nueve hermanos.
Cuando mi abuelita era niña, Duitama era un pueblo
pequeño, y no sólo pequeño sino agrario, no existían tabletas, Smartphone,
televisión y mucho menos la energía eléctrica.
Mi abuelita y sus hermanos que no eran pocos, se
divertían con los oficios del campo, pues siempre vivieron en el campo; ellos
sembraban hortalizas, caminaban al río Chiticuy que en ese entonces era potable
y apto para bañarse; cuenta mi abuelita: “nosotros colgábamos lazos de un árbol que pasaba de
una orilla a otra del río y nos balanceábamos; era lo máximo”. Sin embargo debo
decir que una de las cosas que más le gusta a mi abuelita es la literatura;
ella me dice que a la edad de 10 años empezó a leer Las mil y una noches, y que antes de irse a dormir se entretenían
con los cuentos que la hermana mayor, a la luz de una vela, les contaba.



En ese mismo año, mi abuelita escribió su primer
cuento, llamado El castillo misterioso;
tardó aproximadamente 3 meses en hacerlo, “era un poco inspirado en las mil y una
noches” cuenta mi abuelita.
Aún recuerdo que en las tardes se escuchaba el
golpeteo de las teclas en el rodillo de aquella vieja máquina de escribir, que
ya empezaba a fallar un poco.
pero un día mi padre la sorprendió, pues de cumpleaños le regaló un computador, era grande y tenía un teléfono arriba, una versión que en mis 7 años jamás había visto, pero tardamos más en traerlo de foto Japón en el 2005, que ella en cogerle el tiro.
pero un día mi padre la sorprendió, pues de cumpleaños le regaló un computador, era grande y tenía un teléfono arriba, una versión que en mis 7 años jamás había visto, pero tardamos más en traerlo de foto Japón en el 2005, que ella en cogerle el tiro.
Hoy en día mi abuelita con ya 77 años, se levanta
todos los días a las 4:00 am a ordeñar sus vacas, pues es una tradición tenerlas;
les alista el alimento, las “manea” y les saca la leche de una forma muy
impresionante, ya que es un oficio un poco pesado.
No hace mucho, y sobre todo los días que no hay
clases, le ayudo a ella en este oficio; hacemos carreras en el ordeño y siempre
me gana.

En los últimos dos años mi abuelita escribe en un
portátil todos sus cuentos; ella dice que es como una máquina de escribir mas práctica,
pero que echa de menos su maquinita de escribir pues pasaron muy buenos momentos
con ella y sus hermanos. Entonces mi abuelita escribe cuentos muy poderosos
sobre fantasía; ella quiere publicarlos y ser una escritora reconocida.
Algunos cuentos son:
El gallito mágico, Martica 1, Martica 2, Martica 3,
Dos vidas, El peregrino, La princesa y el ogro, Doña Regina de Arismendi.
Y los cuentos de este año son:
El hijo de Luzbel, La hija de las brujas
Para finalizar quiero recordarles algunas palabras de mi abuelita:
“tengo un computador mágico que con solo sentarme
ante él comienza a contarme cuentos.”
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