Por
Julián David Corredor Cely
Esta crónica la realicé con
el fin de mostrarle a mis compañeros y a ustedes como es la vida de las
tenderas de la Ciudadela Industrial.
Las tiendas de la
Ciudadela Industrial son cuatro: Tienda JCV de Nubia Cely, Tienda Industrial de
Claudia Corredor, Tienda y parador Gallina Criolla de Patricia y Rosalba
Salamanca y Tienda Canchas Mini-Tejo de Sonia Guevara.
Hacia el 2003 la señora
Claudia Corredor empezó a construir la tienda pidiéndole ayuda a su padre Gonzalo
Corredor y a su esposo Raúl Granados, pero este dijo que primero harían la
construcción de su casa y luego sí la inversión en la tienda. Empezaron a
construir una casa de tres pisos con terraza incluida con muchas dificultades
económicas. Terminaron su gran objetivo, construir su casa en obra gris, luego
enchaparon solo el primer piso y luego hicieron el gran sueño de Claudia: su
tienda; ahora ella podía ayudarle económicamente a su esposo Raúl.

Ellos vivían a lado de
la casa de Claudia, pidieron un préstamo al padre de Nubia y construyeron la
tienda muy rápido. Después de un tiempo ciertas “emociones” agobiaban a Claudia
porque la gente también entraba a la tienda de Nubia.
Ese mismo año, se volvió
a abrir la tienda más antigua de la Ciudadela; Cafetería Industrial, que había
cerrado por la muerte de la tendera, doña Rosa Guevara; pero un día que volvió
Sonia Guevara, su hija, heredera de esta propiedad; la reconstruyó y la volvió
a abrir, cambiándole el nombre, luego de seis años, y ahora se llama Canchas
Mini-Tejo.
Hacia el 2009, Patricia
Salamanca buscaba un local que arrendaran frente a la Ciudadela Industrial, y
lo encontró justo a una casa de diferencia de la tienda de Nubia y Claudia.
Empezaron a traer todo lo necesario para abrirla, primero los estantes de la
cerveza y de la gaseosa, el congelador, y otras cosas más… pero se les ocurrió
la maravillosa idea de no solo vender cerveza y gaseosa, sino también pasteles
y gallina. Pasaron unos meses y el éxito de este parador de comida, como
también la tienda de Nubia y Claudia aumentaba, pero el parador Gallina Criolla
se fue reconociendo ya que la gente no tenía donde almorzar y decidieron cambiar el arroz y la
ensalada, por una presa de gallina, consomé, unas papas saladas y una cerveza o
gaseosa bien frías.

La gente va a tomar más
que todo el viernes en la noche y el sábado al medio día, quizás tomando se
olviden de sus problemas y dificultades; otros disfrutan con sus amigos fechas
especiales como cumpleaños, navidad, año nuevo entre otros, e incluso bebiendo
se reconcilian. No todo es felicidad, ya que algunos clientes están borrachos y
gritan a las tenderas, y ellas tienen que aguantar sus cantaletas, llamar a sus
familiares para que los recojan o incluso mandarlos en un taxi de lo
embriagados que están. Algunas veces niegan la cuenta, niegan todo lo pedido estos
borrachitos de barrio, y las tenderas sí trasnochándose hasta las 10 u 11 de la
noche, y lo peor de todo es que a veces ellas no pueden salir con sus
familiares por quedarse atendiendo.
Las tenderas me contaron
algunas anécdotas que no son simples palabras sino están basadas en hechos
reales; la que más me impactó fue la de doña Nubia Cely:

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